17 abril 2009

Esclavas Amantes de Dios.

Catalina y Magdalena, arrejuntadas por motivos obvios, en
"La Glorificación de la Santa Cruz", de Adam Elsheimer (1578-1610).
Cada una con sus atributos; el frasco vacío de perfume (?) de la podolatra pecadora, y la espada que amó el cuello de Catalina de Alejandría.
Catalina se había prometido a Dios, así que rechazó el matrimonio con meros hombres humanos.

Tuvo un martirio muy espectacular, con abundantes milagros, que costaron la vida a algunos de sus verdugos, a los que se les reventaron los instrumentos de tortura. Acabó siendo decapitada.
La Iglesia sospecha de la historicidad del mito hagiografico, pero la mantiene en el santoral por su larga tradición y porque el simbolo es más relevante que la concreción historica, que es accidental y no viene al caso.




Parece ser que el mito oculta, transforma y se superpone sobre el martirio de otra mujer de la misma ciudad, por las mismas fechas (S.III). Hipatia de Alejandría, que sí fué martirizada, pero por los cristianos, por la misma cristiandad alejandrina que hizó la buena obra de borrar los archivos de La Biblioteca. Creían que la unica biblioteca necesaria, util y suficiente era la Biblia; y la Biblia enseña el sagrado deber de quemar las iglesias de los demas ( Num, 31 :10).

Lo mismo que la cristiana de ficción tuvo una historia fatal con Cristo, la filosofa tuvo una filia fatal con la Sofia. El martirio de Hipatia se recuerda, por lxs que se sienten sus herederxs, para evitar que el vicio del olvido traiga el pecado del perdón.

No hay que confundir ( o sí ) a la Catalina Alejandrina con su santa tocaya, Catalina de Siena, quien tambien se casó con Dios, literalmente. Tuvo sus bodas misticas en un Extasis, unos 1000 años despues que la egipcia. El matrimonio mistico fué una practica muy extendida y recurrente, pero, como otros amores excesivos y de dificil control, tambien sospechosa y arriesgada, si no se jugaba bien con las autoridades eclesiasticas.

Tocar a Dios.
Observen como inter-actúan esta pequeña
multitud de Dedos:


A las Catalinas las hicieron santas.

Los historiadores buscan a las que no hicieron santas como quien colecciona sellos curiosos.
Asomandose a las que se atribuyeron amores con Dios, en el filo de la navaja de lo permisible, se observan mundos humanos inesperados.

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